Imposición del Escapulario

Llevar puesto el Escapulario de Ntra. Sra. del Carmen ayuda a las almas a llegar al Cielo, salvándolas del infierno. 

Nuestra Señora de la Cristiandad invita a todos quienes lo deseen, a imponerse el Escapulario de Nuestra Señora del Carmen. Teniendo la Peregrinación un carisma profundamente mariano, queremos propagar la devoción a su Inmaculado Corazón con esta investidura poderosa que la Virgen nos legó.


En caso de querer imponérselo en la Peregrinación (NSC los provee) enviar un mail a: nsc.espiritualidad@gmail.com.

Importancia 
Llevar puesto el Escapulario de Ntra. Sra. del Carmen ayuda a las almas a llegar al Cielo, salvándolas del infierno. 
No es un asunto de poca importancia, sino el más importante de todos: ganar la vida eterna por la promesa de la Virgen María. (Papa Pío XII). 
Dijo Jesús: ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?

 

¿Qué es?
El Escapulario es un vestido, es el hábito de la Virgen María. Es un escudo espiritual. El hábito o uniforme indica pertenecer a alguna asociación. El Escapulario indica que el que lo lleva pertenece a la Virgen, y Ella prometió socorrer a quien lo llevara puesto, especialmente en el momento de la muerte. 

Deben ser dos cuadrados o rectángulos de tela marrón, unidos por cintas, cadenitas o cualquier material. Se le pone una imagen de la Virgen del Carmen por devoción, pero no es necesaria. 
El escapulario es un sacramental, esto es, un objeto religioso que la Iglesia ha aprobado como signo que nos ayuda a vivir santamente y a aumentar nuestra devoción. Los sacramentales deben mover nuestros corazones a renunciar a todo pecado, incluso al venial. 
El escapulario, al ser un sacramental, no nos comunica gracias del mismo modo que lo hacen los sacramentos. Las gracias nos vienen por nuestra respuesta de amor a Dios y de verdadera contrición del pecado, lo cual el sacramental debe motivar.


¿Cómo hay que hacer para usarlo? 
La primera vez debe imponerlo un sacerdote. Desde entonces, siempre debe llevarse el escapulario. Si se pierde o se estropea simplemente se deberá conseguir otro y ponérselo uno mismo, sin que sea necesaria una nueva imposición por parte del sacerdote. 
Se puede reemplazar por una medalla de metal que tenga de un lado el Sagrado Corazón y del otro la Santísima Virgen, la cual debe ser bendecida por un sacerdote. Se reciben las mismas gracias, pero es recomendable usar el Escapulario de tela.


¿Qué gracias o favores nos consigue? 

  • Nos protege de los peligros del cuerpo y del alma, en la vida y especialmente en la hora de la muerte. 

  • Dijo la Santísima Virgen a San Simón Stock que quien muera con el Escapulario puesto no iría al infierno, no permitirá que muera en pecado mortal. Esta seguridad de ir al Cielo es un regalo incomparable. 

  • La Santísima Virgen le prometió al Papa Juan XXII en una visión que, a los que llevaran el Escapulario, los libraría del Purgatorio el sábado después de su muerte.

 

¿Qué indulgencias podemos ganar? 
Parciales (es decir, que nos libra de parte de las penas que tendríamos que sufrir en el Purgatorio): a los que lleven el Escapulario, cada vez que lo besen con devoción. 

Plenaria (es decir que nos libra de TODAS las penas que deberíamos sufrir en el Purgatorio por nuestros pecados): 

  • El día que reciben el Escapulario 

  • El 16 de mayo (San Simón Stock). 

  • El 16 de julio (Virgen del Carmen). 

  • El 20 de julio (San Elías Profeta). 

  • El 1 de octubre (Santa Teresita). 

  • El 15 de octubre (Santa Teresa de Jesús). 

  • El 14 de noviembre (Todos los Santos Carmelitas). 

  • El 14 de diciembre (San Juan de la Cruz).


¿Qué hay que hacer para recibir lo que prometió la Virgen? 
Para la principal promesa, que es la de librarnos del infierno, la única condición es que lo tengamos impuesto por un sacerdote (sólo la primera vez, cuando lo cambiamos por otro lo hace uno mismo) y llevarlo puesto en el momento de la muerte. 
Para la promesa de sacarnos del Purgatorio el sábado siguiente de la muerte es necesario rezar lo que el Sacerdote nos indique, guardando la castidad propia del estado.

 

Historia 
Nueve siglos antes de que naciera Jesús, Palestina sufría una gran sequía por haber sido infiel a Dios. Hacía tres años que no llovía. El profeta Elías subió al Monte Carmelo para rezar. Mientras él rezaba, mandó a su criado a la cima de la montaña para ver qué veía. El criado volvió diciéndole que no había nada. El profeta lo hizo ir siete veces. La séptima vez volvió diciendo que se veía una nubecita. Esta nube era pequeña, parecía que iba a desaparecer, pero creció y derramó una abundante lluvia que trajo la salvación (I Reyes 18, 43-45). 
Por eso se ha visto en esa nubecita la figura de la Virgen María, que siendo humilde y pequeña a los ojos de los hombres, mereció ser la Madre de Dios, por quién nos vino el Salvador.
Desde los primeros siglos de la Iglesia hubo ermitaños que vivían en el Monte Carmelo. En el siglo XII se estableció una comunidad de ermitaños, venidos para las cruzadas, que fueron llamados Carmelitas. Tenían especial consagración a la Virgen María, que llamaban Madre del Carmelo. 

Por las persecuciones de los musulmanes muchos fueron martirizados y otros volvieron a Europa. Parecía que iba a desaparecer la orden de los Carmelitas por todas las dificultades que estaba pasando. El Prior general de la Orden, San Simón Stock, se vuelve a la Virgen María, pidiéndole que salve la orden, que dé un privilegio a sus Carmelitas. La Virgen se le aparece el 16 de Julio de 1251 y le entrega un escapulario, diciéndole que es un privilegio para los Carmelitas, que quien muera teniéndolo puesto, no se iría al infierno.
Muchas personas laicas pidieron llevar también el Escapulario, a raíz de la promesa de Nuestra Señora de librar del infierno a quien lo portara. 
Muchos reyes, Papas y Santos lo han llevado: San Luis Rey de Francia, Eduardo II de Inglaterra, San Juan Bosco, Santa Bernardita, la mayoría de los últimos Papas, como san Juan Pablo II.

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